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Retórica alimenta agresiones contra hispanos

PUBLICADO: 12 de noviembre de 2008, a las 4:36 pm (este)
ACTUALIZADO: 14 de noviembre de 2008, a las 9:57 am (este)

Se suponía sería una caminata corta a la casa de un amigo para ver una película, pero el ecuatoriano Marcelo Lucero no llegó a destino. Su caminata, y su vida, tuvieron un final abrupto cuando fue golpeado y apuñalado por un grupo de adolescentes que, según la policía, se había propuesto "darle una paliza a algún mexicano".

La muerte de Lucero el sábado por la noche en Long Island, en las afueras de Nueva York, fue tildada de inmediato como un delito motivado por el odio racial. Esos delitos no son inusuales. El FBI difundió hace poco estadísticas que indican que las matanzas de hispanos motivadas por prejuicios raciales están en aumento desde el 2003.

Y hay quienes atribuyen ese aumento a la retórica incendiaria de algunos sectores que piden mano dura con los indocumentados.

"No creo que sea pura coincidencia el que estos crímenes aumenten al mismo tiempo en que hay un debate por momentos violento en torno a los indocumentados", afirmó Kevin Brown, decano de la facultad de leyes de la Universidad de California-Davis.

"Hablamos de inmigración y no ponemos atención a los términos que empleamos", señaló. "Con frecuencia se usan términos provocadores, que encienden las pasiones".

De acuerdo con estadísticas del FBI del mes pasado, en el 2007 hubo 595 incidentes de discriminación contra hispanos, que afectaron a 830 personas. Ello representa un aumento del 40% en relación con el 2004, en que hubo 426 incidentes con 595 víctimas.

El aumento coincide con la intensificación del debate en torno a los indocumentados, acompañado por actos masivos, fallidos intentos de aprobar reformas legislativas, una intensa campaña del gobierno para combatir a la inmigración ilegal y esfuerzos de los estados y las municipalidades para sancionar sus propias leyes sobre los indocumentados.

Defensores de los derechos de los inmigrantes dicen que se ha usado una retórica divisiva, en la que se propaga la idea de que los inmigrantes le quitan trabajo a los nativos y consumen los recursos disponibles.

"El debate sobre la inmigración se ha visto empañado por un sentimiento antilatino y antiinmigrante, propagado por extremistas y que algunos políticos han decidido explotar, por la razón que sea", afirmó Luis Valenzuela, director ejecutivo de la Alianza de Inmigrantes de Long Island.

"Cuando el debate de una política rebasa el límite de lo admisible, se condena a toda una comunidad", declaró Peter Zamora, de Washington, D.C., quien asesora al Fondo Mexicano-Estadounidense para la Defensa y la Educación, con sede en Los Angeles.

No todo el mundo ve esa conexión. El director ejecutivo del condado de Suffolk Steve Levy, uno de los fundadores de una agrupación de alcance nacional llamada Alcaldes y Directores Ejecutivos por una Reforma a las Leyes de Inmigración, rechazó la idea de que la matanza de Long Island tenga relación alguna con el debate sobre la inmigración.

"La golpiza, la cuchillada y la matanza de Marcelo Lucero no obedeció a ninguna política o legislación de un condado; fue un episodio en el que gente mala hizo cosas horribles", manifestó Levy.

Siete adolescentes fueron detenidos en relación con el asesinato. Todos se declararon inocentes. El chico que se cree portaba un puñal fue acusado de homicidio en un crimen motivado por el odio racial.

Joselo Lucero dijo que su hermano había venido a Estados Unidos hacía 16 años y había sido como un padre para él.

"Tenía un buen corazón y nunca se metía en problemas. Se hizo cargo de mi madre en Ecuador y de mi hermana", expresó en el sitio donde fue asesinado su hermano, en el que hay flores, velas y una foto de Marcelo, cerca de las manchas de sangre, todavía visibles. "Me preocupa mi madre. No lo vio por 16 años y ahora lo recibe en un ataúd".

Las tensiones en torno a los indocumentados son intensas en Long Island, que en la última década ha atraído a gran cantidad de mexicanos y centroamericanos. Muchos se paran en las esquinas a la espera de ser contratados para trabajar mayormente en obras de construcción o en el arreglo de jardines.

La situación se caldeó tanto en el 2005 que el consulado mexicano de la ciudad de Nueva York declaró a Long Island como una "zona roja" por la cantidad de abusos a los inmigrantes.

Es imperioso cambiar el tono del debate sobre los indocumentados, según sus defensores.

"El debate debe enfocarse en soluciones realistas, que respeten nuestros valores nacionales", opinó Valenzuela. "El debate en su forma actual es muy divisorio".





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